Más allá del oído, escuchar implica toda una serie de procesos en el cerebro que nos llevan a comprender desde una pegajosa melodía hasta una frase inspiradora. Escuchar involucra al cerebro, a la atención, a la memoria, y por supuesto, a las emociones. Es que escuchar es más que solo oir, se trata de un acto cognitivo, es decir, la inteligencia juega un papel en ello. Lamentablemente, cuando la audición falla, no solo se apagan los sonidos, también se debilitan las conexiones del cerebro que procesaban esa información que ahora se pierde en el aire. Sin embargo, hay algo positivo en esto, y es que la ciencia recientemente ha entendido que rehabilitar la audición puede ser una forma de mantener la mente activa y así retrasar el deterioro cognitivo. Se ha visto incluso que el oído y el cerebro envejecen juntos.
El envejecimiento del oído se caracteriza por una pérdida de la sensibilidad auditiva en la que se puede encontrar una degeneración de las células ciliadas cocleares (responsables de la transducción del sonido), de las sinapsis auditivas y de las neuronas del nervio auditivo, que por lo visto también viene acompañada de cambios funcionales en el procesamiento central del sonido. Esta pérdida auditiva altera, evidentemente, la dinámica cerebral, por ejemplo, se reduce el volumen de la corteza auditiva, o sea, la intensidad de las señales, disminuye la inhibición neuronal (generando una respuesta más caótica, demandante y menos precisa) y el cerebro empieza a usar recursos visuales o motores para compensar estas carencias.
Slade y sus colaboradores (2020) mencionan tres principales hipótesis de cómo se conecta la audición con la cognición:
- Hipótesis de la sobrecarga cognitiva: indica que escuchar con dificultad roba la energía mental al pensar de más para procesar con menor cantidad de información.
- Hipótesis de la privación sensorial: Cuando el oído deja de enviar señales, el cerebro empieza a apagarse.
- Hipótesis de la causa neurodegenerativa común: El oído y el cerebro envejecen juntos y es la misma causa la que les afecta a ambos, por lo que el oído serviría como un biomarcador precoz de algunas enfermedades neurodegenerativas.
Me parece que lo que tienen en común las tres hipótesis es que el envejecer no solo silencia al oído, también le exige más al cerebro. Y esto es importante, porque precisamente, el cerebro adulto, es vulnerable a la neurodegeneración. Las proteopatías son enfermedades neurodegenerativas que se producen por acumulación de proteínas mal plegadas (como beta amiloide o tau), y provocan enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson. Bueno, pues pequeñas alteraciones sinápticas producidas por estas proteínas también afectan las redes auditivas, porque son ampliamente distribuidas y plásticas y dependientes de sincronía temporal, entonces, pequeñas alteraciones producen grandes fallos perceptivos. Se ha sugerido que pruebas auditivas complejas, como la comprensión en entorno de ruido o tareas dicóticas, pueden revelar disfunciones corticales tempranas, incluso antes de los síntomas de la memoria (Johnson et al, 2021).
La audición puede ser uno de los primeros espejos del envejecimiento cerebral… mucho antes de que la memoria empiece a fallar.
La importancia de la rehabilitación auditiva
¿Puede el cerebro aprender de nuevo a escuchar? Por supuesto que sí, incluso en la adultez hay neuroplasticidad, pero depende principalmente de tres áreas o sistemas, el temporal que decodifica y da significado, el frontal que regula la atención y el aprendizaje auditivo y el límbico que aporta motivación y refuerzo emocional. Para que haya rehabilitación auditiva tienen que converger estos tres. De cómo interactúen estos tres sistemas, se darán tres posibles trayectorias: puede haber una reactivación adaptativa en la que se mejora la parte funcional y se reaprende a escuchar, o se da una compensación cognitiva, es decir, se mantiene estabilidad pero sin progreso, o bien, puede darse también un fracaso plástico, cuando el sistema auditivo y cognitivo no logran reorganizarse, en este último caso se podría observar incluso un retroceso. Los autores en los que me basé para la información de este párrafo (Lazard et al, 2023), también comentan que partir de los 67 años, cada año adicional reduce la probabilidad de mejora tras un implante coclear. Entonces, lo que podemos sacar de esto es que el oído puede reactivarse, pero necesita de un cerebro dispuesto a aprender de nuevo. Y algo que me llamó mucho la atención, porque no se le suele dar precisamente la suficiente atención es que la motivación y la emoción no son accesorios, son la energía que impulsa toda la plasticidad auditiva.
El escuchar acapara la cognición cuando es momento de entender el habla. Esto exige un equilibrio entre la calidad de sonido, los recursos cognitivos y el conocimiento lingüístico. Lamentablemente, en los adultos mayores este equilibrio se rompe y los lleva a hacer un esfuerzo mental excesivo por entender lo que se habla. Por eso es importante la rehabilitación auditiva con audífonos o implantes cocleares, porque se mejora la calidad del estímulo y resta esfuerzo cognitivo innecesario, volviendo a la audición a su carácter automático. Es decir, adaptar rehabilitadores auditivos reduce la fatiga cognitiva y fortalece las redes lingüísticas (Mattys et al, 2025).
Rehabilitar la audición no solo amplifica sonidos: libera recursos mentales para pensar, recordar y comprender mejor.
Hay un concepto interesante que encontré en Nemati et al (2024) y es el de «Brain Age Gap» o brecha de edad cerebral, es decir, la diferencia entre la edad cronológica y la estructural del cerebro. Este grupo de estudio encontró que a mayor pérdida auditiva, mayor envejecimiento cerebral y menor rendimiento cognitivo, y ellos lo adjudicaron a que la pérdida sensorial aceleraba la degeneración cerebral. Pero sobre este tema también salió un metanálisis hace un año que da resultados o información muy interesante. Chin-Yu y su equipo (2024) encontraron que más del 35% de los que tenían péridida auditiva, tenían riesgo de demencia, incluso hubo una relación dosis respuesta: por cada 10 dB de pérdida se aumentaba un 16% el riesgo. Y en esto no importó el nivel de pérdida, daba igual si era leve, moderada o severa, no hubo diferencia significativa. Es también interesante que ellos lo adjudicaban a una causalidad más bien bidireccional, como el tercer sistema que hablamos unos párrafos arriba. Pero ellos también concuerdan en la importancia de la rehabilitación auditiva en la reducción del riesgo del deterioro cognitivo.
Después de ver estos artículos y escribir estas palabras, me parece que la pérdida auditiva por edad es tanto un síntoma como un acelerador del envejecimiento cerebral, por un lado se atrofia por su propia naturaleza, pero a la vez esa atrofia acelera la degeneración del cerebro. Pero veámoslo por el lado más positivo: Rehabilitar la audición tiene beneficios multisistémicos:
- Restaura la estimulación sensorial
- Reduce la carga cognitiva
- Reactiva la plasticidad cerebral
- Refuerza la motivación y la conexión social
Podríamos considerarlo una forma de neurorrehabilitación indirecta.
Cada palabra que recuperamos del silencio es una red neuronal que vuelve a encendenrse
Referencia
Johnson, J. C. S., Marshall, C. R., Weil, R. S., Bamiou, D.-E., Hardy, C. J. D., & Warren, J. D. (2021). Hearing and dementia: From ears to brain. Brain, 144(2), 391–401. https://doi.org/10.1093/brain/awaa429
Lazard, D. S., Doelling, K. B., & Arnal, L. H. (2023). Plasticity after hearing rehabilitation in the aging brain. Trends in Hearing, 27, 1–12. https://doi.org/10.1177/23312165231156412
Mattys, S. L., O’Leary, R. M., McGarrigle, R., & Wingfield, A. (2025). Reconceptualizing cognitive listening. Trends in Cognitive Sciences, 29(3), 1–13. https://doi.org/10.1016/j.tics.2025.09.014
Nemati, S., Arjmandi, M., Busby, N., Bonilha, L., & Fridriksson, J. (2024). The impact of age-related hearing loss on cognitive decline: The mediating role of brain age gap. Neuroscience, 551, 185–195. https://doi.org/10.1016/j.neuroscience.2024.05.004
Slade, K., Plack, C. J., & Nuttall, H. E. (2020). The effects of age-related hearing loss on the brain and cognitive function. Trends in Neurosciences, 43(10), 810–822. https://doi.org/10.1016/j.tins.2020.08.002
Yu, R.-C., Proctor, D., Soni, J., Pikett, L., Livingston, G., Lewis, G., Schilder, A., Bamiou, D., Mandavia, R., Omar, R., Pavlou, M., Lin, F., Goman, A. M., & Costafreda-Gonzalez, S. (2024). Adult-onset hearing loss and incident cognitive impairment and dementia: A systematic review and meta-analysis of cohort studies. Ageing Research Reviews, 98, 102346. https://doi.org/10.1016/j.arr.2024.102346
