Me han llegado personas con migraña a la consulta diciendo: «me duele la cabeza, pero siento que el problema está en los ojos». Y, aunque durante años se les dijo que no tenía sentido, hoy la ciencia empieza a demostrar que no estaban del todo equivocados. Por mucho tiempo se entendió a la migraña exclusivamente como un problema de cefalea. Pero ya hoy sabemos que es un trastorno neurovascular complejo, donde intervienen factores tan importantes como la hiperexcitabilidad cortical, las vías trigémino-talámicas, la modulación sensorial, e interesantemente, el sistema visual. Teniendo en cuenta esto último, no es de extrañarse que la fotofobia sea uno de los síntomas más incapacitantes, o que las auras visuales sean la forma más frecuente de aura; también se ha visto que muchos pacientes consultan primero al optometrista antes que al neurólogo, de ahí la importancia de la educación en este tema para los profesionales de la salud visual.

Un estudio reciente analizó la perspectiva de optometristas sobre la migraña, y reportaron patrones muy claros en la consulta diaria, como por ejemplo, que la migraña se observa con mucha mayor frecuencia en mujeres; una gran proporción de pacientes presentan síntomas visuales no solo durante las crisis, sino también entre ellas. En cuanto a lo visual, estos especialistas indicaron que las manifestaciones más reportadas incluían los patrones en zigzag de las auras (conocido como fortification spectra), fotofobia, visión borrosa y molestias que se suelen asociar al uso de pantallas. Esto indica algo importante que tenemos que considerar: la migraña ya está en la consulta optométrica, aunque no siempre se aborde con un marco neurocientífico adecuado.

El sistema visual como modulador del dolor migrañoso

Gracias a los estudios en neurociencia visual hemos conocido ahora que las señales luminosas no se procesan únicamente para ver, sino para otras funciones, porque existen células sensibles a la luz (células ganglionares retinianas con melanopsina, las ipRGC) que conectan directamente la información lumínica con núcleos en el tálamo que se relacionan con el dolor. Entonces, en personas con migraña, se ha visto que estas vías presentan una respuesta amplificada, lo que explica por qué la luz puede empeorar el dolor incluso sin estímulos visuales complejos.  ¿Qué quiere decir esto? Que la fotofobia no es una manía ni un síntoma psicológico, sino un fenómeno neurobiológico bien documentado.

Volviendo al estudio que comentaba unos párrafos atrás, se reporta que en consulta, muchos optometristas identifican algunos factores como los más relevantes, entre ellos:

  • Errores refractivos no corregidos (especialmente el astigmatismo).
  • Esfuerzo visual sostenido.
  • Exposición prolongada a pantallas.

Aquí es importante algo clave, y es que estos factores no causan la migraña por sí solos, pero pueden actuar como moduladores o amplificadores en un sistema nervioso ya vulnerable. Es decir, no toda persona con astigmatismo tendrá migraña, ni toda persona con migraña tendrá astigmatismo; pero en un paciente migrañoso la carga visual mal gestionada puede aumentar la frecuencia y la intensidad de las crisis.

Las intervenciones optométricas suelen utilizar como herramientas ante los casos de migrañas el prescribir una corrección óptica precisa, manejar el entorno visual, así como recomendaciones de higiene visual. En algunos casos se ha visto que prescribir filtros o incluso prismas puede ayudar. Sin embargo, aquí es importante dejar en claro algo: muchas intervenciones se aplican por experiencia clínica, pero no siempre están respaldadas por guías claras o protocolos estandarizados. Por ejemplo, prescribir lentes con filtro de bloqueo de luz azul, aunque en estos casos se usan poco, han mostrado resultados muy variables, también se ha usado terapia con luz verde de banda estrecha, que ha mostrado mejores resultados en estudios controlados pero aún no está integrada de forma sistemática en la práctica diaria. Ahora bien, esto no invalida el rol de la optometría en los casos de migraña, pero sí señala la necesidad de más información, más criterio clínico y más diálogo interdisciplinar.

Entonces, ¿en dónde está el verdadero valor de la optometría en la migraña?

La optometría no sustituye al neurólogo, obviamente, ni pretende hacerlo. Su valor está en otro lugar:

  • Detectar pacientes migrañosos que aún no han sido diagnosticados.
  • Identificar factores visuales que agravan los síntomas.
  • Reducir la carga sensorial innecesaria.
  • Mejorar la calidad de vida del paciente desde lo visual.

Cuando se trabaja con criterio neurovisual, la optometría puede ser una pieza clave dentro del abordaje integral, especialmente en pacientes con migraña frecuente o refractaria.

La migraña no se origina en los ojos, pero tampoco se puede entender sin ellos. El sistema visual no es un espectador pasivo del dolor migrañoso, participa, amplifica y, en muchos casos, ofrece una puerta de entrada para intervenir mejor.

El reto no es «curar la migraña con gafas», sino aprender a leer el lenguaje visual del sistema nervioso y usarlo con criterio, ciencia y sensibilidad clíníca. Ahí es donde la optometría, bien entendida, puede marcar la diferencia.

P.D.: La migraña es un fenómeno complejo donde se cruzan dolor, visión, atención y procesamiento sensorial. Entenderla requiere mirar más allá del síntoma principal y conectar disciplinas que durante mucho tiempo han trabajado por separado.