En esta vida me he topado con muchos estudios en los que se busca relacionar una alteración visual con cambios a nivel estructural y funcional del cerebro, y todos tienen algo en común. Pero antes de explicarles qué es, quiero aclarar algo, me parece muy bien que se estén dando estos estudios, soy el primero en alzar la voz cuando hay que afirmar que la visión ejerce fuerte influencia sobre el cerebro y viceversa. Siempre digo, tenemos un cerebro visual. Pero precisamente por eso, he notado algo que me parece que es importante atender si queremos progresar en el estudio de la visión y el cerebro, y es que aún falta que se le dé el lugar que corresponde a la optometría en la investigación de las ciencias neurovisuales.

He notado una constante en los estudios, desde los primeros artículos de neuroimagen y problemas visuales, hasta los trabajos publicados hace solo unos meses. Hay una mayoría abrumadora de estudios sobre miopía, ambliopía o glaucoma, desde la integridad cerebral, que hablan de lo óptico/refractivo de una forma muy superficial. Con dificultad explican el umbral refractivo para la inclusión/exclusión del sujeto en el grupo de estudio, y son casi nulos los estudios que explican cómo consiguieron esos valores refractivos en cada paciente. Y son aún menos los que indican si se valoró la posibilidad de alteraciones acomodativas que pudiesen interferir en la precisión de la prueba, entre muchas otras variantes que cada caso de salud visual pueda implicar. Todos los textos que he leído son muy explícitos en la tecnología de imagen cerebral con la que se trabajó, y eso es imprescindible; pero ¿cómo vamos a confirmar un resultado si el filtrado de nuestra población podría tener varios sesgos?

Lamentablemente, varios datos que son necesarios suelen estar ausentes en estos estudios: el método refractivo, como les dije anteriormente, pero también la valoración del estado acomodativo, y esta me parece particularmente importante en el caso de los estudios sobre miopía, pues muchas veces podemos estar ante un problema acomodativo (o vergencial) e ignorarlos por pensar que toda la sintomatología y toda la alteración en la agudeza visual se debe solamente a una miopía. ¿Será que la miopía alta estimula el cerebro de forma idéntica a como lo haría un exceso de acomodación o una inflexibilidad acomodativa? Si estamos hablando de desarrollo y estimulación cerebral, otro dato importante sería si la persona obtuvo la corrección óptica desde el inicio de la ametropía o si fue más tarde, el tiempo que una persona pasa con su agudeza visual disminuida determina cómo estuvo siendo estimulado el cerebro durante ese tiempo, por lo que este dato podría ser una posible correlación.

El optometrista comprende el comportamiento de la luz y las posibles alteraciones que esta pueda tener a lo largo de su trayecto por el globo ocular, y sabe muy bien cómo modificarla para que el estímulo llegue adecuadamente a la retina y podamos tener una buena visión. Y así como conoce esto, puede entender hasta dónde llega la limitación visual según el error refractivo, y sabe distinguir muy bien entre las posibles causas de visión borrosa o mala agudeza visual. El optometrista capacitado podrá incluir nuevos y valiosos criterios de selección de las muestras en los estudios que quieran valorar la integridad cerebral en casos de problemas visuales. Así podremos profundizar nuestra comprensión sobre la influencia de la visión en el desarrollo cerebral e incluso cognitivo de la persona.