por qué esa analogía nos ha hecho pensar mal la visión por un siglo
Me atrevería a decir que no hay profesional de la salud visual a quien no le hayan hecho el comentario comparativo del ojo humano con una cámara fotográfica. Esa comparación la he visto de diversas formas, pero en general comparan córnea y cristalino con las lentes que estructuran una cámara fotográfica, el obturador con la función de la pupila, y el sensor con la retina. Quizás el comportamiento de la luz con las dos primeras partes (lentes y obturador) sean comparables, pero no similares.
El sistema acomodativo del ojo es mucho más complejo que el sistema de enfoque de una cámara, se mantiene activo y automático en todo momento, con ajustes no solo dados por la demanda de nitidez sino también por el objetivo atencional que se planee observar. Las lentes de una cámara modifican su distancia de foco cambiando precisamente la distancia entre ellas, el cristalino, por su lado, modifica el enfoque cambiando su forma, es una lente que modifica su propia curvatura. El sistema de autofocus de una cámara no «sabe» si está enfocando antes o después, tiene que hacer barridos para averiguarlo; el sistema acomodativo nuestro lo sabe mediante la aberración cromática longitudinal del propio ojo, la utiliza como señal ya que las longitudes de onda largas y cortas enfocan en planos ligeramente distintos y este patrón de desenfoque cromático indica si se debe aumentar o disminuir la acomodación (potencia de enfoque).
Un dato que llama la atención es que el ojo puede «decidir» cómo crecer sin consultar al cerebro. En experimentos con animales donde está interrumpida la señal del ojo al cerebro (nervio óptico), el globo ocular sigue respondiendo al desenfoque local, cambiando su crecimiento según la zona de la retina que recibe la señal borrosa. Podría decirse que hay una «conversación privada» entre la retina, la coroides y la esclera que ajusta la forma del ojo. El lag acomodativo, juega en esto un papel importante, se considera una señal de emetropización, el sistema no solo calibra la imagen, sino que modula el desenfoque en cierta áreas para influir en el desarrollo y el crecimiento ocular. El sistema acomodativo se activa incluso antes de recibir la señal como tal, a partir de las previsualizaciones que tenemos gracias a la vía magnocelular y koniocelular que procesan cambios en contraste y movimiento, pero también por razón de las expectativas del observador: nuestro cerebro está constantemente previendo lo que va a aparecer en la escena visual. O sea, a partir de lo que ve, el cerebro intuye y el ojo se prepara para enfocar lo que va a venir.
Algo relevante en este aspecto es que el obturador de una cámara es independiente de su sistema de enfoque. Mientras tanto, la pupila se dilata o contrae no solo por la cantidad de luz, sino también en conjugación con el sistema acomodativo. La pupila modula activamente la profundidad de foco, ella junto con el sistema acomodativo y también la convergencia son un sistema de retroalimentación cruzada. Siguiendo con el tema del enfoque, en una cámara el estado por defecto sin señal sería con enfoque al infinito o en cero, pero en el ojo este es un punto fijado por el tono basal del músculo ciliar, sostenido por actividad parasimpática, que más o menos se ha medido entre cero punto cinco y dos dioptrías de miopía instrumental. Este nivel tónico no es fijo tampoco, se recalibra con la exposición sostenida a demandas específicas de enfoque. O sea, se adapta.
Entiendo que la comparación es solamente como sistema óptico, pero al querer simplificarlo a ello elimina muchísimos aspectos importantes que debemos tener en cuenta cuando rehabilitamos el sistema visual. La comparación pierde toda lógica cuando consideramos la relación del sensor de la cámara con la retina. Sí, ambos tienen receptores fotosensibles que captan la señal lumínica, pero eso es apenas lo que tienen en común. Un sensor es un captor pasivo de la luz, mientras que la retina recibe la información e inmediatamente realza las señales que corresponden a lo que considera importante, sin que la señal haya aún salido del globo ocular, antes de que inicie su viaje por el nervio óptico. En la retina hay capas de neuronas especializadas con distintas funciones, algunas de ellas se encargan de realzar la señal en ciertas zonas y otras de disminuirla más bien.
Además de los fotorreceptores, los famosos conos y bastones, hay otras neuronas súper especializadas que coordinan la transmisión y procesamiento de la señal. Estas neuronas son principalmente las células bipolares, las amacrinas y las horizontales. Entre ellas modulan la señal, restando o sumando amplitud a la activación siguiendo ciertos parámetros con el fin de realzar bordes, contornos, contrastes, y no saturar el sistema con una avalancha de información innecesaria. El procesamiento de la visión inicia allí mismo. Pero retomemos el tema de los fotorreceptores, que ni siquiera ellos caben en una comparación así. Los picos de sensibilidad que tienen cada uno de los tres tipos de conos y los bastones, así como la ubicación topográfica en la retina permiten que tengamos una efectiva adaptación a muchos cambios de iluminación.
¿Y qué pasa con las células que componen el nervio óptico? Estas se encuentran en la retina también, las células ganglionares de la retina son un conjunto de aproximadamente 30 tipos funcionales distintos de células, algunas de ellas fotosensibles como los conos y bastones. Cada una de estas células ganglionares extrae información específica como bordes, contraste, colores opuestos, entre otras características. La retina no manda una foto al cerebro, envía entre veinte y treinta películas paralelas, cada una codificando algo distinto.
No es que la comparación del ojo con una cámara como sistemas ópticos esté mal, es que ha influido en que no seamos tan conscientes de la magnitud de complejidad que tiene el ojo humano, y nos ha llevado a pensar en el ojo solamente como un sistema óptico, y como tal hemos buscado resolver sus problemas primordialmente de manera óptica, olvidando todo lo demás que puede estar jugando un papel en la percepción visual. La comparación del ojo con una cámara ha sido muy útil para que comprendamos la esencia del ojo. No estoy diciendo que esa analogía no sirva. Es solo que empobrece muchísimo las capacidades que realmente tiene el sistema visual en su parte óptica. Lo que quiero que entendamos es que el ojo no es un sistema óptico pasivo que espera señales, es un complejo dinámico y en constante autocorrección. El procesamiento de la visión no comienza en la corteza cerebral, inicia desde el cristalino, cuando la retina procesa la información que recibe y envía indicaciones para mejorar la señal.
¿Por qué digo que la comparación ojo/cámara nos ha hecho pensar mal sobre cómo vemos? Porque le hemos restado importancia a aspectos que son vitales para la percepción visual, asumimos que como vemos luz, todo es óptico, y aquí les voy a decir dos cosas: primero, lo óptico es una parte de un conjunto con procesos neurológicos, químicos y mentales; y segundo, incluso lo óptico es neurológico (la luz tiene influencia neurológica no solo por ser captada con los conos y bastones, pero esto ameritaría una publicación aparte). Es que el problema ha sido enfocarnos exclusivamente en lo óptico, y por eso terminamos buscando únicamente soluciones ópticas para cualquier problema visual. Y me parece que deberíamos ampliar nuestro campo visual clínico, y no dejar lo neurológico en la periferia inconsciente. Una atención integral no se queda únicamente con la parte óptica, sino que además de ella, busca soluciones desde la terapia y el entrenamiento visual, apoyado en lo que conocemos hasta ahora sobre neurociencias de la visión.
Tenemos que aprender a ver el sistema visual, a atender la miopía, el astigmatismo y la presbicia como problemas neurovisuales además de ópticos. No porque su raíz sea neurológica, sino porque sus secuelas y repercusiones van muchísimo más allá de tener un punto focal desplazado respecto a la retina. Implican una alteración en cómo el ojo mueve su mecanismo para mejorar la señal y cómo el cerebro invierte recursos y estrategias para integrar esa información con nuestras memorias y emociones.
Con respecto al ojo, más que pensarlo como una cámara fotográfica, me gusta verlo como un detector de radiación electromagnética específica con procesamiento de inteligencia natural incorporado. Quizás así voy teniendo más presente que el ojo no es solo un sistema óptico, y así no me olvide de indagar más allá de la refracción en cada consulta y tenga más amplitud de opciones en el abanico de tratamientos neurovisuales.
