Cómo los sentidos construyen el cerebro
¿Por qué no se le presta tanta importancia a la salud perceptiva?
Me refiero a la salud de nuestros sistemas de percepción: sistema visual y no solo los ojos, sistema auditivo y no solamente oído, sistema olfatorio aunque a este lo vemos solo para cirugías estéticas a lo mucho y el sistema gustativo que tanto potencial tiene para la gastronomía si se dedicaran a conocerlo más a fondo. Estos sistemas perceptivos son los principales puentes que tenemos con el mundo, sin ellos estaríamos aislados como pocas personas lo han estado en la historia.
Entre más me adentro en las neurociencias de la percepción más me doy cuenta del poder tan profundo que tienen sobre todo lo que hacemos e incluso sobre cómo pensamos las cosas. También puedo notar que entre más intentamos conocerlos más nos asombramos de la complejidad que representan. Y es que la percepción no es que nos influya levemente en nuestro pensamiento, es que nos moldea el cerebro, de forma individual desde que tenemos un sistema nervioso periférico suficientemente desarrollado. Pero también en colectividad. Lo que nos hace “más desarrollados cognitivamente” (disculpen este abuso) que otros animales, es precisamente la forma en la que hemos aprendido a percibir; un gato puede sentir la misma luz que nosotros, oler los mismos químicos que nosotros, escuchar las mismas vibraciones que nosotros, pero no las perciben igual, porque su cerebro usa esa información de un modo distinto. Y la forma en la que el cerebro usa la información y la cantidad de esa información que el cerebro elige para procesar son los que van moldeando y “afinando” los sentidos que la especie más va a utilizar. Por eso podemos decir que la percepción, que nuestros sistemas perceptuales, y en nuestro caso principalmente la visión, nos han moldeado en todo el proceso evolutivo como especie. Y si la información que debería llegar por ese medio llega de forma alterada o incompleta ¿podría moldear de forma alterada o incompleta al cerebro?
Desde hace dos décadas que estoy teniendo muchos goces intelectuales (les recomiendo el libro de Jorge Wagensberg) conforme voy estudiando sobre los sentidos. En el 2002 inicié mis primeras clases universitarias en las aulas de Audiología, allí recibí cursos sobre psicolingüística, neurología de la audición y neuroanatomía. Ya con esas materias me comencé a dar cuenta que el cerebro era más asombroso de lo que creía…
Aquí hago un paréntesis: Desde que tengo memoria, el cerebro siempre me ha llamado la atención, porque para mí siempre ha sido un misterio el órgano que poseo bajo mi cráneo. Como muchas personas dentro de los espectros neurodivergentes, yo siempre me preguntaba por qué era “tan diferente” a otros, porqué ellos tenían conclusiones que a veces no me parecían lógicas, por qué parecía que yo percibía al mundo de una forma un poco distinta a mis amigos y compañeros… en fin, el asunto es que sentirme diferente me hacía más curioso sobre ese órgano (al que yo solía culpar de todo eso).
… Y entonces comencé a estudiar más a fondo la audición pero siempre con ese enfoque a lo cognitivo, al procesamiento. Luego se acabó la universidad y tocó salir a trabajar. En realidad no salí de la universidad, después de graduado fui contratado como asistente de un profesor. Con optometría me pasó muy similar, prácticamente al poco tiempo de haberme graduado inicié labores como profesor de tiempo completo. En esa época iniciaba mi primer posgrado, pensaba que mi profesión estaba muy lejos del tema que me apasionaba, así que decidí llevar un Experto Universitario en Salud Visual y Deporte de la Complutense. En ese curso fue donde me explotó la cabeza, allí fue donde me di cuenta que yo nunca había salido de estudiar el cerebro. Cuando vi todo lo neurológico que se tenía que considerar al planificar entrenamientos visuales me di cuenta que la vista era, por mucho, un fenómeno neurocognitivo.
Entonces comencé a estudiar sobre la ambliopía, más allá de técnicas de rehabilitación me enfocaba en los cambios que surgían en el cerebro y buscar si estos eran posibles de revertir. Me interesó mucho descubrir con la COMOF en México, que el entrenamiento visual y el cognitivo estaban muy relacionados, porque la habilidad con que mi cerebro procesa la información que viene de los ojos, y la habilidad cognitiva con la que los analizo, son las dos partes fundamentales del éxito en cualquier destreza deportiva. Entonces me dediqué a estudiar por mi parte, a leer más sobre entrenamiento visual, sobre neuroplasticidad, cognición visual, etc.
Lo siento si este artículo se volvió un poco autobiográfico por un momento, no es egocentrismo, es mi forma de explicarles cómo me di cuenta que los sentidos, que la percepción como sistema, moldean nuestro cerebro y también nuestra conducta. Es que me parece tan profundo que puedo decir que la percepción moldea nuestro ser.
Considerémoslo desde la percepción visual como ejemplo, porque es nuestro principal puente de comunicación con el mundo. Ver, como fenómeno perceptual no es solo recibir la luz en mis ojos y saber que lo que veo es una letra A en una cartilla blanca. Ver implica reconocer que el rostro que estoy viendo es el de una persona familiar y que su expresión facial denota molestia. Y para eso no basta solo con lo que los conos y bastones perciban una luz enfocada. La información visual que sale del ojo parte en dos rutas principales: una que atraviesa tálamo (CGL), forma las radiaciones ópticas y llega hasta la corteza occipital en la región conocida como área visual primaria (CV1); la otra ruta es una menos conocida pero igual de importante, esta es una vía que no pasa por el lóbulo occipital, sino que pasa por colículo superior, pulvinar y amígdala, una parte de este va hacia la glándula pineal y nos regula la producción de melatonina para la conciliación del sueño. Esta segunda ruta que les comento no se considera visual porque no se había visto que influyera en la percepción de imágenes, pero he leído varios estudios en los que se ven habilidades que solemos relacionar con percepción de imágenes en personas cuya corteza visual no está recibiendo información, por ejemplo, se ha visto que personas con daños en CV1 que les impide ver con normalidad, pueden detectar si un rostro que se les presenta les infunde temor o confianza (Pollar et Bridge, 2020). Otro punto que me parece interesante es que después de veinte años no he logrado conocer todavía (que esto no suene como prepotencia, sino como reconocimiento de mis limitaciones) un área del cerebro que no se vea influenciada de forma directa o indirecta por la información visual que el cerebro recopila.
Desde hace año y medio estoy dedicado a investigar las alteraciones cerebrales que presentan las personas con miopía alta, lo cual me ha llevado a estudiar también estos mismos efectos en la población ambliope, que por ser considerada neurológica ha tenido más oferta de investigaciones. También he leído un poco sobre glaucoma. Y en todas estas afecciones se han encontrado cambios significativos, totalmente correlacionados con la presencia de ese defecto visual. Y las áreas alteradas no suelen ser solamente en áreas reconocidas como principalmente visuales, es que también hay alteraciones en áreas frontales, temporales, parietales, subcorticales, incluso en el sistema límbico y en el cerebelo. Se ha correlacionado estas alteraciones cerebrales con cambios significativos a nivel de cognición también. Entonces, a lo que quiero ir con esto es que entendamos que una mala visión no es solamente ver borroso, que dejar a una persona sin rehabilitación auditiva (audífonos) no es solamente aislarlo de los demás, lo cual ya es grave de por sí. Sino que la mala estimulación de estos sentidos repercute en la organización del cerebro y en su funcionamiento cognitivo.
¿Por qué se llegan a ver alteradas estas zonas cuando la información visual no llega a la corteza primaria de la forma en que suele llegar en la mayoría de las personas? La respuesta que suelo encontrar cuando me hago esa pregunta es que esto sucede porque nosotros dependemos cien por ciento de nuestro ambiente, nuestra existencia depende de cómo nos adaptemos a nuestro entorno. Y para saber cómo debemos adaptarnos necesitamos completamente la información que nuestros sentidos puedan captar. Tan importante es esto que si la señal llega alterada se ponen de manifiesto todas las regiones y funciones cerebrales que dependen de esa información. Y en mis estudios actuales he visto que se pueden ver afectadas áreas relacionadas con funciones cognitivas como la memoria de trabajo, o con capacidades de atención y también habilidades del lenguaje, no solo en producción sino también en comprensión.
¿Qué podemos hacer con esta información?
Promover y concientizar la importancia de la salud perceptiva. Promover que cuidarnos la vista y la audición son tan importantes como cuidar lo que comemos. Que así como cuidamos cada año de nuestra salud bucal, también debemos cuidar la forma en la que estamos viendo y escuchando. Entender todo esto implica reconocer que un examen visual no debe ser solo para que la persona llegue al 20/20 y adaptarle unos anteojos. Entonces, los profesionales que evalúan estos sentidos deben tener conciencia también de las implicaciones de sus decisiones.
Pero sobre todo, me parece que tenemos que conocer más de lo que abarcan los sentidos y la neurociencia de la percepción. Por eso he buscado más canales por los que dar a conocer lo fascinante que son los sentidos. Si estás de acuerdo con lo que te he comentado por aquí, y también consideras que es necesario divulgar más sobre la neurociencia de la percepción comparte esto con tus contactos, pero también, crea la conversación y promueve la curiosidad.
Referencias:
Pollar et Bridge (2020) The Superior Colliculus and Amygdala Support Evaluation of Face Trait in Blindsight. Frontiers in Neurology, 11:769. DOI: 10.3389/fneur.2020.00769